Sonsón – Desnivel y Sorpresas

 

A una semana exacta de partir para Europa era necesario emprender la ultima rodada de preparación para l’eroica. Hablando con Pate y Esteban Tamayo, quien venía de visita por el fin de semana desde Bogotá, se llegó al consenso que un buen destino podía ser la vía que conecta el municipio de La Ceja con el municipio de Sonsón, al oriente de Medellín. Era un lugar al que ninguno de los tres alguna vez había ido y que a todos nos generaba gran curiosidad.

Más allá de esto es una ruta retadora, de muchos sube y bajas y unos 140 kilómetros de extensión. Adicional mente que una ruta sea solitaria y poco concurrida por vehículos siempre es un aliciente alentador. Quedamos entonces en encontrarnos a las 7:30 de la mañana en la casa de Pate y de ahí salir en el carro con destino a La Ceja. Estaba claro que a ninguno lo estaban esperando en la casa temprano y que esta iba a ser una cosa que se llevaría todo el día. No fue sino hasta las 9:00 am que estuvimos sobre las bicis, con cascos y zapatillas puestas y sobre la carretera. Salimos tarde como lo hacen los profesionales y emprendimos rumbo.

El primer puerto de montaña del día fue el del alto de la Unión, el cual es una de las subidas más populares de todo el oriente Antioqueño por su agradable y constante pendiente, lindas vistas, ademas de su cómoda y  justa extensión de siete kilómetros. En esta subida en cualquier fin de semana dado que goce de buen clima, se puede encontrar un gran numero de ciclistas de todas las disciplinas, sexo y edades. Desde jóvenes aspirantes a ciclistas profesionales que te pasan por el lado como una moto, hasta señores de más de ochenta años que se toman el tiempo para disfrutar sobre sus veteranas maquinas de acero.

El día por fortuna estaba precioso y por estos motivos se vivía una gran atmósfera para disfruta de la bicicleta, como se anticipaba habían bastantes ciclistas subiendo, tanto hombres como mujeres.

dscn8873Es bueno ver que cada vez hay más mujeres practicando el ciclismo

A medida que se subía se podía ver gran parte del valle de San Nicolás, el cerro del Capiro y La ceja iluminados por los dorados rayos del sol y cobijados bajo el manto azul celeste del cielo. Fue una subida tranquila, regulada en la que me esforcé por disfrutar de la vista, saludar a las personas con las que me encontraba a lo largo de la carretera y simplemente estar ahí viviendo el instante.

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Lo mismo no se puede decir ni de mis compañeros de ruta, puesto que Tamayo desde el carro había anunciado sus deseos de romper su record personal de Strava subiendo a La Uníon. Para su fortuna, justo antes de emprender el acenso saliendo de La Ceja encontró muy buena rueda en David Baquero, quien es un ciclista de unas condiciones formidables. Por su parte Pate, pese a no estar buscando RP, es un ciclista que no es muy amigo de dejarse sacar y quedar atrás, por lo que al ver que Esteban subió el ritmo, el también le subió al de el, quedando yo atrás.

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Llegar al alto no presentó mayor dificultad y realmente se hizo mucho más ameno que las veces donde uno lo sube sacándose el kilo tratando de poder un buen tiempo. Cuando se detiene uno a pensarlo es algo curioso porque realmente la bici es algo que uno hace de manera recreativa, en parte por ejercicio y en otra parte por placer. La realidad es que el ciclista recreativo rara vez compite la mayor parte del tiempo se la pasa en lo que se puede considerar como “entrenando” por no decir que pasando el tiempo y disfrutando de la bicicleta. Lo curioso es que en términos de tiempo la diferencia entre disfrutar montando bien la bicicleta y sacarse el kilo en una subida en términos de tiempo puede ser de uno o dos minutos y sin embargo en lo relativo a la agonía, sufrimiento y disfrute es el día y la noche. Esto no quiere decir que no sea bueno buscar mejores tiempos (porque también hay mucha satisfacción en sentir y ver el progreso), simplemente que algunas veces ese carácter tan competitivo que se le da al deporte, desde otra perspectiva resulta un poco cómica porque al final del día no lo hacemos por profesión o por gloria, sino por simple gusto.

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Con esto dicho la tienda y puestos que hay en el alto son buen punto de encuentro para verse con amistades o hablar con otros ciclistas que simplemente coinciden en este punto. Le da un espirito más social que de cierta manera es lo que en gran parte diferencia al ciclismo de otros deportes o maneras de hacer ejercicio. Esa habilidad de salir de la casa, ver paisajes distintos; poder encontrarse para hablar y compartir con personas diferentes.

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Algo que se ha ido convirtiendo en una especie de tradición al parar aquí es pedir un jugo preparado con  “todo”, el cual consiste principalmente de jugo de naranja, banano y miel de abejas licuadas. Sin dada es un bebida con una buena carga de carbohidratos de cara a los kilómetros aún por recorrer, sin mencionar que verdaderamente deliciosa.

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Luego de terminar nuestros preparados tomamos rumbo hacia La Unión por una carretera que está rodeada de pastizales de ganado y sembrados de diferentes tipos de cultivos a cada lado de la carretera. Es un paisaje lindo que contrasta con el pueblo mismo, el cual en cuanto a pueblos se refiere no es necesariamente el más bonito, pero más allá de eso siempre me ha parecido un tanto “incomodo” de cruzar tanto por sus fragmentadas como algo caóticas calles de concreto vaciado.

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Pese a la relativa incomodad del paso, de los carros, motos, y peatones que poco se preocupan por mirar al cruzar la calle, este pueblo no es muy extenso lo cual hace que al final del día esta tarea sea relativamente rápida, y se pueda retomar ruta sin mucho contratiempos.

dscn8927Cruzando La Unión

A unos tres o cuatros kilómetros después de cruzar la Unión, recorriendo una carretera que atraviesa una serie de colinas (y que tiene los doble-policías acostados más infames que conozco) se llega a Lácteos Buenavista. Esta es una parada casi que también obligada desde hace ya un tiempo cuando se monta por esta carretera; decir que es una fabrica de lácteos o de quesos realmente es algo que se queda corto para describir esta noble institución. Esto se debe a que producen una gran variedad de quesos y productos lácteos gourmet de estándar se podría decir que Europeo. Para ser honesto sólo he parado aquí montando en bicicleta por lo que no puedo hablar por una tabla de quesos, o la experiencia del tour de la fabrica, pero puedo decir que los waffles que acompañan con su queso ricotta y que su yogur griego es lejos el mejor yogur griego que se puede comer en Antioquia. Realmente yo no soy el fan más grande del yogur griego, pero debo decir que hay yogurt griego y luego hay yogur griego que te obliga a bajarte de la bicicleta y comerlo. Esto sin mencionar que contiene 0 gramos de grasa, 3 gramos  y 15 gramos de proteína, es sin lugar a dudas algo hermoso.

dscn8933Yogur griego de Lacteos Buenavista, es demasiado bueno. 

Tristemente el yogur griego rápidamente se acabo y fue hora de retomar el pedaleo. De este punto en adelante la carretera se vuelve solitaria y silenciosa (lo cual es genial) y hay un paisaje hermoso para la vista y exigente para las piernas sin llegar a ser tortuoso. Es una carretera serpenteante que cada dos o tres kilómetros aproximadamente se alterna entre bajadas y subidas, las cuales no son ni muy extensas ni muy pendientes (y por lo tanto peligrosas ya que invitan al entusiasmo, a subir el ritmo y quemar pierna de manera silenciosa).

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Era claro que tanto Pate como Tamayo estaban en un plan un tanto más “leñero” que yo, ayudados por la tecnología moderna de sus bicicletas de 7 kilos. Yo al principio de cada subida como que de dejaba llevar por el entusiasmo, para luego a mitad de subida recordar con el ardor en las piernas que tristemente estaba lejos de estar en igualdad de condiciones, y que la tecnología de de los años 80 me limitaba a un estilo de ciclismo más regulado y contemplativo. Por estos motivos ambos compañeros tendían a dejarme paulatinamente atrás y al cabo de un rato debían parar a esperarme un par de minutos.

dscn8946A la izquierda Pate y a la derecha Esteban Tamayo

Faltando menos de 15 kilómetros para llegar a Sonsón y luego de darle la vuelta a una montaña el paisaje se abre en un amplio valle, el cual es atravesado por un río marcado por unas peñas inmensas y en el cual se puede apreciar arriba en la montaña una imponente cascada que baje por una enorme pared de roca expuesta. Al llegar al punto más bajo de este valle y cruzar el puente que atraviesa el río se emprende la última y más larga subida en el trayecto hacia Sonsón.

Es una subida de más de seis kilómetros que en algunos puntos presenta unas rampas bastante retadoras. Pese a que al principio hice mis mejores esfuerzos por seguir la rueda de mis compañeros, a menos de dos kilómetros de emprender la subida la fatiga y el ardor en mis músculos me dejaron claro que esto hoy no iba a ser una opción. Por estos motivos y con el fin de administrar mejor las cargas me bajé al último cambio que me quedaba, asumiendo un ritmo un tanto más cadencioso y una velocidad de acenso mucho más regulada.

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Desafortunamente los problemas en este punto no se limitaban únicamente a lo físico, ya desde hacia varios kilómetros un problema, manifestado como un “ruidito” incomodo se hacia con cada pedalazo cada vez más perceptible. Por un momento pensé que era el eje sobre el cual van montadas la bielas, dado que los ejes en estas bicicletas clásicas van montados sobre rodamientos de esferas o “balines” y estos últimos con el uso se degradan (y virtualmente desintegran) de una manera relativamente rápida.

Sin embargo para mi sorpresa este no era la razón real problema, el cual a casi tres kilómetros de llegar a la cima del puerto de manifestó de manera abrupta, parando repentinamente toda la bicicleta y bloqueando el movimiento de la bielas. Aquello que llevaba todo ese rato haciendo ese sonido atormentador era nada más que la pacha, la cual había cometido suicidio desprendiéndose totalmente de la rueda libre sobre la cual viene acoplada (y necesita estar totalmente acoplada para funcionar).

dscn8956Subida al alto del Tasajo, justo después que la pacha muriera

La realidad es que entrenar para l’eroica, más que un riguroso plan de acondicionamiento físico como el que por ejemplo se debe hacer para correr un Iron Man, se trata más de rodar y conocer muy bien la bicicleta sobre la cual se planea completar el evento. La razón de esto es que son maquinas que típicamente tienen una historia y un bagaje precedidos por varias décadas de uso (y en muchos casos abuso y abandono). Son maquinas con largas historias, que portan cicatrices de batalles y que pese a lo agradables que pueden resultar para la vista, suelen ser caprichosas e impredecibles en términos mecánicos. Entrenar para l’eroica te hace reconocer y en muchos casos apreciar todo ese desarrollo técnico que ha tenido la bicicleta de carreras en los últimos treinta o más años, los cuales para las nuevas generaciones de ciclistas como la mía se dan básicamente por sentados. Por estos motivos entrenar para l’eroica es simplemente rodar sobre la maquina para conocer sus caprichos e idiosincrasias, para acomodarse a sus incomodidades y para identificar posibles fallas y problemas que pueden terminar de manera abrupta con l’eroica misma.

Por estos motivos más que maldecir o malgeniarme por el infortunio me sentí satisfecho con que esto hubiese sucedido en esta montada, de manera inconsecuente y no dentro de dos semanas allá en Italia.

Dado el caso la única solución fue poner ambos pies en el piso, tomar el manubrio con ambas manos y emprender camino a pies cuesta arriba, para reencontrarme con Pate y Tamayo en el alto de esta subida, esperando que algún vehículo pasase y me diera un aventón hasta Sonsón. Dada la soledad de la carretera y la renuencia de la mayoría de los pocos vehiculos particulares en parar, terminé caminando los casi tres kilometros que me faltaban para llegar al final de la subida. Esto está lejos de ser lo más cómodo dado lo limitantes que son para caminar las zapatillas de ruta (ni mucho menos me quiero acordar que caminé esta distancia en una Vittoria 1976 de suela de carbón las cuales no tienen ni dos montadas), no obstante sirvió para apreciar el entorno desde otro ritmo y otra perspectiva y pensar por un rato.

Luego de lo que pareció ser casi media hora llegué al alto y ahí me senté definitivamente a esperar que pasase algún carro o bus. Para este momento ya había hablado con mis compañeros, los cuales me esperaban en el pueblo. Luego de la negativa de casi tres camionetas finalmente un mototaxi de Sonsón, el cual ocupaba una señora con su pequeño hijo paró para preguntarme si necesitaba que me llevasen.

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El conductor de manera muy amable montó la bicicleta en la parrilla ubicada en la parte superior de su mototaxi y procedió a manejar de manera cuidadosa para que nada le pasase dado que no había con que amarrarla o asegurarla de manera firme a la estructura metálica. La señora y el niño de manera muy amable me abrieron espacio en la banca de atrás del vehículo, y aunque no hablamos mucho fue curioso que el niño le dijera a su mamá que a mi me conocía de la televisión (cosa que es virtualmente imposible, pero bueno, no tenía caso refutarlo).

dscn8966Compañero de viaje en el mototaxi

Gracias a la salvación del mototaxi pude reencontrarme en poco tiempo con mis amigos en una pastelería justo al lado de la plaza principal de Sonsón. Debo decir que Sonsón como pueblo fue una grata sorpresa, es grande, bonito y organizado. Conserva de buena manera muchas de sus edificaciones tradicionales (especialmente en torno a la plaza principal) y se ve en términos generales en un estado considerablemente mejor a una gran porción de los pueblos que he visitado en bicicleta.

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Luego de la odisea bípeda de tres kilómetros por la que acababa de pasar bajo el sol del medio día, era más que justo probar un buen bocado y un bebida fría. Viendo la oferta de la pastelería en la cual nos encontrábamos me decidí por una empanada de papa, un buñuelo y una Pony Malta (claramente los suplementes ideales para reponer sales y carbohidratos gastados). Debo decir que el buñuelo estaba bien y que la empadanada estaba gloriosa, hacía ratos no me comía una empanada así, y la Pony Malta fría simplemente es una bebida clásica y de tradición de todas las montadas.

dscn8970Plaza central de Sonsón

Al pagar la cuenta y salir del establecimiento preguntamos a personas del lugar por algún taller de bicicletas donde fuese posible que me ayudaran a desvarar la bicicleta. El concenso popular fue que a unas pocas cuadras por la misma calle sobre la que estábamos había uno. Como no había de otra fue necesario empujar la bicicleta y caminar por las estrechas y pobladas aceras de Sonsón rumbo al supuesto taller.

Para mi sorpresa al llegar al lugar donde se suponía debía estar, me encontré en lugar de este con un tienda de ropa interior de mujeres donde difícilmente encontraría la atención y repuestos necesarios para salir de apuros. No obstante luego de preguntarles, las personas que atendían ese día el almacén me informaron que el taller todavía existía, pero que se había trasladado a hasta la segunda plaza del pueblo.

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Después de caminar otra serie de cuadras con la bici a cuestas pude dar con la el taller, donde me esperaban mis amigos. Como ellos llegaron mucho antes dado que iban en sus bicicletas, fue bastante cómico que al entrar al almacén y le contaron al dueño del mismo sobre el problema de la pacha, este mirara de reojo sus bicicletas y les respondiera pensativo “Hmn… pero esa pacha de esas de “cassette” nuevas a mi me queda como difícil arreglarla muchachos para serles sincero”. A esto mis amigos respondieron que tranquilo, que el paciente era una bicicleta de 30 años, con lo cual el buen señor cambió su semblante y dijo de manera despreocupada “ah si, esa si la arreglo fácil”.

dscn8976Esto fue lo que quedó de la pacha. 

Al  entrar al almacén rápidamente fui dirigido a donde el mecánico, quien de manera ágil desmontó la rueda trasera de la Pinarello. Lo que aconteció enseguida fue un tanto chistoso puesto que inmediatamente la pacha dejó de estar restringida por el marco, esta en pocas palabras vació sus entrañas sobre el piso del taller, todos los pequeños aros, pines y balines que contenía en su interior se desprendieron evidenciando que en este caso había sido perdida total del componente. La fascinación de ese instante fue rápidamente reemplazado por resignación y comprensión que realmente no se podía esperar mucho de un repuesto que al final de cuentas había costado 8000 pesos.

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En todo caso lo importante era que toda esta situación tenía solución y que no iba a ser necesario regresar a La Ceja derrotado y en bus (aunque más adelante iba a desear el bus). El tema del arregló consto del mecánico montar la rueda en una prensa, desatornillar el pedazo de pacha que permanecía ensamblado a esta, removerla y montar otra que para mi sorpresa (y preocupación) era exactamente igual.

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Esto último fue bueno porque de haber montado una de 100 mil pesos, pues simplemente no habría tenido como pagarla, pero por otro lado era una copia exacta de la misma pacha que había fallado y faltaban aún 70 kilómetros para terminar. A manera de chiste dijimos que al menos la otra había durado sus buenos 200 kilometros esta tenía que durar por lo menos lo mismo y que eso era suficiente para sacarme de ahí, eso sí, era mejor llevar repuesto a Italia y montarlo el día antes de la carrera para sacarle sus 200 a la próxima.

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Con pacha nueva instalada y siendo las 2 de la tarde nos dirigimos rápidamente a la salida del pueblo, pues queríamos terminar la montada antes de que cayera el sol. En unos pocos minutos pasamos por el punto donde me había hacía un poco más de una hora recogido el mototaxi y procedimos con bajar por el puerto en donde se había presentado la falla mecánica hasta cruzar nuevamente el río que atraviesa el valle.

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Era una tarde preciosa y soleada en la cual se podía apreciar toda lo sublime de el dramático paisaje que nos rodeaba. Rodar así es algo muy placentero, sobretodo cuando uno no se preocupa por la hora de llegada, por ganarle al otro o poner tiempo, simplemente se rueda y se deja que la mente divague dentro de un tren inagotable de pensamientos y preguntas. Fue solo cuestión de tiempo para que nuevamente mis compañeros con su paso y bicicletas modernas me dejaran atrás, yo tenía claro que desde que salí de Sonsón la cuestión era meramente de lograr terminar la montada, tenía la piernas fatigadas de tanto subir y necesitaba medir esfuerzos para no sufrir más de la cuenta.

DCIM100GOPROGOPR8042.Foto cortesía de Esteban Tamayo

Los próximos 10 o 15 kilómetros transcurrieron de manera tranquila hasta que me enfrenté a un largo puerto de montaña (el cual había sido un largo y divertido descenso a la ida) de casi siete kilómetros. Este verdaderamente subió la perilla del dolor y podía sentir como mis muslos quemaban, en ese punto lo único que se puede hacer aprovechando que se está virtualmente sólo en la vía, es agachar la mirada para enfocarla hacia el pavimento; simplemente salirse de alguna manera de esta realidad y entrar en un trance arrullador que lo va llevando a uno a superar cada metro de acenso.

DCIM100GOPROGOPR8046.Foto cortesía de Esteban Tamayo

Con paciencia finalmente se pudo salir y ver la cima de ese profundo cañón acompañado de un dolor de cabeza aquejador, evidencia de la inclemencia del terreno y el sol que habían pasado factura sobre mi cuerpo. Estaba algo deshidratado y necesitaba algo más que la incipiente y tibia agua que llevaba en mi bidon. Por fortuna luego de unos pocos kilómetros pude divisar tanto a Pate como a Tamayo sentados en una tienda al borde de la carretera.

dscn8995Sin pola no es montada 

Para estos momentos de deshidratación, en ausencia de suero la mejor bebida no resulta ser un Gatorade sino que por el contrario el cuerpo pide y agradece una cerveza fría. Es difícil de describir como después de bogarme una en ese tienda, lo bien y repuesto que me sentí. La merienda fue completada por un paquete de Doritos y una Coca-Cola para restaurar las reservas de glucosa en la sangre. Emprendimos nuevamente nuestro camino, sabiendo que ya no quedaba mucho, puesto que las partidas de Mesopotamia estaban a nuestros pies y que de ahí en adelante quedaba un tramo familiar y relativamente corto.

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Con los ultimos rayos del solo pudimos subir la ultima pendiente de ese tramo y llegar nuevamente a La Unión y de ahí finalmente a la Ceja. Había sido una montada agotadora, dramática y accidentada, pero también una que genera un alto grado de satisfacción al completarla. Puso a prueba maquina, cuerpo y mente y por lo tanto me deja muy tranquilo de cara a l’eroica, puede que esta ultima tenga 60 kilómetros más que ir a Sonsón, de los cuales muchos son sobre terreno destapado, pero es una ruta mucho menos elevada y ausente de esos puertos asesinos que se hacen habituales en Antioquia. Aquí se tiene que realmente trabajar por cada kilómetro, porque casi ninguno es regalado.

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Abejorral – Rampas, destapados y 88km de preparación para l’eroica.

Hace ocho días en una salida en bici a la Unión Juan Arturo de VeniVidi Riders Club; quien me va a acompañar junto a su grupo en l’eroica me dijo tres palabras que quedaron resonando durante toda esta ultima semana en mi cabeza “Monte Sante Marie”. Pese al tono santo y maternal, esta subida, que se encuentra cerca del kilómetro 70 de l’eroica es todo menos una bondadosa y gentil cuesta. Es un segmento de 11,5 km sin pavimentar que tiene pendientes hasta del 25%; famoso por obligar cada a año a multitud de ciclistas de todo sexo, edad y nivel a desmontarse de la bici y emprender rumbo hacia sus cima a pie con bici en mano. Esto último se debe a una combinación de rampas agudas y una superficie sin pavimentar, la cual a la hora de pararse sobre la bici (normal cuando se trata de este tipo de pendientes) hace que la rueda trasera se deslice y la bicicleta pierda todo el impulso y avance en un instante.

Con esto en mente me decidí esta semana a realizar unos pequeños cambios técnicos en la Pinarello, que le permitieran sortear de mejor manera este tipo de obstáculos. En primer lugar era necesario contar con cambios más suaves que permitan (“suaves” es un termino muy relativo cuando se habla de bicicletas con más de 30 años) subir pendientes pronunciadas sin tenerse que parar del sillín de la bicicleta y lo segundo llantas más gruesas (las más gruesas que el marco pueda acomodar) que le quiten un poco lo traumático a los destapados.

Con eso en mente me decidí a realizar este sábado una montada que sirviese de entrenamiento para este gran desafío de l’eroica. De inmediato se me ocurrió la vía que conecta el municipio de la Ceja con el de Abejorral en el Oriente Antioqueño. Una montada que recuerdo tanto por la dureza de sus subidas, como sus tramos sin pavimentar, además de unos increíbles paisajes y unas deliciosas papas rellenas que venden en un estadero a mitad de camino entre ambos pueblos. Era una ruta con la que tenía una deuda pendiente desde principios de este año, donde por motivos logísticos (y debo admitirlo de entrenamiento) sólo se pudo llegar junto a los compañeros a la mitad del recorrido, abortando misión antes de llegar al pueblo de destino.

Por estos motivo este sábado 10 de septiembre con la Ceja como punto de partida, a eso de las ocho de la mañana, emprendimos ruta y nos dirigimos al primer acenso del día que es conocido por ciclistas locales como “El Tambo”.  Esta es una subida buena para calentar, no muy larga y tampoco muy dura, en la cual realmente me sentí bien sobre la Pinarello, que con sus nuevas llantas y cambios más suaves se sentía de 15 pese a en realidad tener 30. Una vez se corona este puerto se comienza un descenso pronunciado hacia el río Piedras, dentro del cual existen cuatro segmentos de mas o menos 100 metros de longitud que están sin pavimentar. Estos fueron la primera prueba del día sobre este tipo superficies que en menos de un mes conoceré de manera tan intima. Para sorpresa no hubo mayor sobresalto o drama al bajar por ellos, las llantas anchas hicieron muy bien su trabajo

DSCN8718.JPGComienzo de mañana fría sobre el río piedras

Luego de varios kilómetros de empinados descensos se llega finalmente al río piedras, el cual nos saludó de manera torrentosa, debido a las lluvias que la noche anterior  engrosaron considerablemente su caudal. Fue en este punto de la ruta donde fui recibido por la primera rampa realmente empinada del día. Deb confesar que las mejoras que realicé esta semana no salieron del todo como se planearon y que el cambio más suave de la bici en ese instante no entró del todo bien, pues generaba un ruido bastante incomodo que hacía creer que la bici se iba a suicidar. Por estos motivos esta relación fue reservada sólo para casos donde realmente fuese indispensable, dejándome como opción el segundo cambio más suave disponible (que en realidad no es tan suave). Afortunadamente me estaba sintiendo bien y pude salir de ahí sin mayores contratiempos, a paso constante y tranquilo. Lo bueno de esta subida es que luego de unos cuantos kilómetros de pedal    te deja al pie de un estaderito pequeño y humilde donde venden unas papas rellenas de otro mundo.

dscn8730Estadero rumbo a Abejorral

No obstante llegar recibimos la mala noticia que para ese día no habían preparado las famosas y añoradas papas. Esto finalmente no nos desanimó mucho, pues en su lugar había una deliciosa variedad de opciones que había para el desayuno. Terminamos pidiendo aguapanela caliente, buñuelos campesinos (se hacen con la misma masa pero con forma de donut) arepa con queso fresco y empanadas. No sobre decir que todo estaba delicioso, cocinado en fogón de leña por si fuera poco; era justo lo que necesitábamos para llenarnos de energía para todos lo kilómetros que teníamos delante durante el resto de jornada.

dscn8740Aguapanela y arepa, clásico desayuno campesino

Al retomar ruta llegamos rápidamente a un alto y ante nosotros se desplegó una largo y curvado descenso que se encuentra nuevamente con otra parte del río. Es en estos instantes cuando realmente se disfruta el ciclismo en todo su esplendor. Ante la mirada se puede ver un aparentemente infinito mar de montañas que enseña el verde en todo su espectro de tonalidades. El aire era fresco y el silencio permeaba todos los rincones de ese hermoso valle, tal vez lo mejor de esta vía que lleva a Abejorral es precisamente la ausencia evidente de carros y camiones, lo cual genera un sentimiento profundo de paz y tranquilidad; algo que  realza el paisaje y permite disfrutar esos instantes serenos sobre la bici.

dscn8750Descenso por valles nuevamente hasta el río

De esa manera nos reencontramos nuevamente con el río y retomamos una larga subida, silenciosa, que con sus curvas nos fue llevando con relativa calma hasta otro nuevo alto. De ese momento en adelante comenzaba la verdadera preparación para la l’eroica, que consistió de cinco kilómetros de carretera sin pavimentar. Fue un segmento de carretera donde se pudo vivir el despavimentado en todas su formas y expresiones, desde gravilla fina, a pantano, charcos, y tramos con rocas grandes que sacudían todos los huesos. Lejos de ser llano, este segmento nos hizo pasar por agudas subidas y bajadas. Dentro de la agonía momentánea que supuso superar estas terribles rampas llenas de rocas y pantano, hubo cierta alegría al saber que pese al esfuerzo era un obstáculo que era posible superar montado sobre esta bici.

dscn8780Una muestra de los 5km despavimentados

Un poco sacudidos por las rocas retomamos pavimento de cara a los ultimos 10 kilómetros que nos separaban de Abejorral. Estos fueron unos kilómetros preciosos rodeados de verdes montañas, atravesando imponentes viaductos y cruzando arroyos cristalinos.

dscn8800_1Viaducto que parece sacado del Tour de Francia 

dscn8810Casas campesinas, montañas y arroyos cristalinos

Finalmente después de un último ascenso de más o menos 1 kilómetro se llega a Abejorral, un pequeño y pintoresco pueblo caracterizado por casas coloridas, cantinas, música popular y su preciosa iglesia ubicada como típico pueblo Antioqueño en su plaza central. Fue en ese lugar donde decidimos descansar unos momentos y apreciar la vida del pueblo en compañía de unas cervezas frías. Además fue curioso ver que para recorrer los 44 kilómetros entre la Ceja y Abejorral  nos tomamos más de las tres horas, un testamento de la cantidad de subidas y de la virtual inexistencia se secciones llanas dentro de este recorrido.

dscn8814Ultima subida para llegar a la plaza

dscn8815Fachada de la Iglesia de Abejorral

La dicha del descanso no fue larga, dado que eran más de las 12 del día y todavía faltaba un largo y montañoso regreso a La Ceja por la misma carretera por la que habíamos llegado. Por un breve lapso de tiempo se entretuvo ligeramente la opción de regresar por la carretera que lleva al pueblo de la Unión, la cual suponía un camino más llano pero con una presencia prevalente de secciones despavimentadas a lo largo del mismo. Los traumas inducidos por la ausencia de asfalto en lo que se llevaba de recorrido hizo de esta una decisión poco atractiva para los compañeros de ruta (para mi era más preparación de cara a l’eroica al fin y al cabo) por lo cual terminamos retomando la carretera por la que llegamos.

dscn8825_1Las duras pendientes serían unas constante en lo que restaba de camino

Fue un poco doloroso descubrir la otra cara de las divertidas y amenas bajadas que nos llevaron hasta Abejorral, las cuales se convirtieron en empinadas y largas cuestas que había que subir. Después de llevar todo un día dándole vueltas a unas relaciones de cambios que no eran las más favorables, la jornada me comenzaba a pasar factura y con cada metro de avance se tornaba uno poco más agónico dar cada nuevo pedalazo. Fue un verdadero alivio terminar esa primera subida de casi 5 kilómetros que nos alejó del pueblo y encontrarse nuevamente con ese lindo y relativamente llano viaducto. Sin embargo la dicha no duró mucho ya que nuevamente llegaron a nuestro encuentro esos kilómetros de destapado con su infame sección plagada de grandes rocas que hacían que rodar sobre la bicicleta fuese más parecido a estar dentro de una licuadora.

dscn8847Genera curiosidad como tanta belleza puede coexistir con tanto dolor 

Con todos los huesos desajustados; espalda, brazos y pies entumecidos dejamos atrás el lodo y las piedras y descendimos hacia el valle del río. Tras atravesar el puente que se sobrepone a dicho caudal comenzamos a subir nuevamente lo que terminarían siendo unos casi seis kilómetros verdaderamente sufridos. Para ese punto la fatiga era considerable y mover el cambio que me había acompañado durante los últimos 60 kilómetros parecía cada vez una opción menos viable. Lentamente vi como mis compañeros en sus bicis de ruta con relaciones de cambios modernos desaparecían tras las curvas serpenteantes de esta subida, dejándome sólo,  con la cuesta como mi única compañía. No tuve más opción que resignarme al cambio más suave de mi cassette, el cual no funcionaba del todo bien produciendo como consecuencia un incomodo y preocupante sonido al dar vueltas. Con el dolor y la frustración en la cabeza resolví que a detrimento del viejo tensor Campagnolo, necesitaba usar ese ultimo cambio si quería llegar a la cima de esa montaña.  Con sonido incomodo a cuestas emprendí un rumbo lento pero decidido hasta la cima y dejándolo todo finalmente pude coronar dicho puerto de montaña.

En esa cima me reencontré con mis compañeros y entre los tres nos despojamos de adjetivos mas bien poco halagadores con relación a la cuesta que acabábamos de subir, puesto que a cada uno nos había pasado una factura considerable y nuestras reservas de fuerzas y energía estaban casi agotadas.

La única opción entonces fue parar nuevamente en el estadero y comer algo que pudiese devolvernos la vida al cuerpo. Para nuestra dicha nos encontramos con que la niña que lo atiende justo en el momento que nos sentamos estaba sacando unos pasteles de pollo de la paila que se veían completamente exquisitos. Sin vacilar cada uno pidió de a dos pasteles acompañados de una Cola Cola fría de 350ml (aquellos que demonizan en redes sociales las gaseosas y sus altos contenidos de azúcar claramente nunca se han pasado un día entero sobre una bicicleta). No sobra decir que esos pasteles estaban gloriosos, crocantes, frescos y llenos de sabor. Cargados de calorías y de glucosa emprendimos nuevamente rumbo para recorrer los últimos kilómetros para culminar el día.

dscn8842Sólo cosas deliciosas se pueden esperar de un fogón de leña 

No obstante estos no iban a ser unos últimos kilómetros mansos y amigables, la ruta no iba a sucumbir sin antes dar una buena batalla. Desde el puente del río piedras hasta el alto del Tambo en la Ceja hay que subir por unas rampas terribles con gradientes en dobles dígitos, muchas de ellas carentes de pavimento. Si algún tramo de la ruta del día me generaba preocupación y me podía bajar de la bicicleta era ese y durante todo el día había rondado mi mente causando un grado para nada despreciable de ansiedad.

dscn8839La vida suele poner en los momentos más duros sus mayores tentaciones

Como tantas cosas difíciles y duras de la vida, la mejor manera de solventarlas terminan siendo el iniciar labores sin pensar mucho, asumir un ritmo lento pero constante y seguir adelante sin mirar mucho ni para atrás o para le frente. Concentrarse simplemente en el aquí y en el ahora con calma y resiliencia. Por estos motivos ahí mismo comencé a sentir que la cosa se empinaba cambie a la relación más suave a mi disposición, asumí un ritmo tranquilo de pedaleo y me transporté mentalmente a un lugar alejado del tiempo y del espacio. No tomó mucho tiempo para que mis compañeros me dejaran atrás en solitario y para que el primer tramo de subida en despavimentado dijera presente. De manera estoica le pase por encima y sin mucha controversia lo dejé atrás, sin embargo la rampa que se vino a continuación, como una gran ola que te sorprende de manera furtiva al nadar en el mar fue la que verdaderamente me sacudió. De ahí para arriba la cosa sólo aflojó irónicamente en los destapados, pero luego en el pavimento hacerse sentir con toda su dureza y todo su rigor. Esta no era una cuestión de hacer tiempos, de velocidad, sino de supervivencia, de poder pedalear hacia adelante y mantenerse sobre la bicicleta.

dscn8860Esta pintoresca casa campesina fue la excusa perfecta para darme un muy necesario descanso

Pasó el segundo, tercer y cuarto destapado, hasta finalmente enfrentarme con la última y más letal curva de la subida. Me agarré de las trepadoras, me elevé del sillín y contraje los músculos de mis piernas con decisión, haciendo uso de mi propio peso para imprimir la fuerza necesaria sobre los pedales realicé en ultimo envión de 100 metros que logró llevarme al lado más gentil y cordial de la subida. De ahí hacía el alto del Tambo solo quedaban un par de kilómetros marcados por un sube y baja menor y anecdótico. Inspirado y motivado por ser capaz de superar la parte más dura del recorrido en mi bici clásica puse buen ritmo hasta encontrarme con Paté y Camilo, que me esperaban en el alto del Tambo con una mirada incrédula (tenían las esperanzas puestas en que llegase caminando junto a la bicicleta). Era hora de ponerle punto final al día y sin muchos preámbulos bajamos a la Ceja para encontrarnos con nuestro carro y emprender rumbo hacia un bien merecido almuerzo.

dscn8864Siempre es de alta importancia consumir proteínas después del ejercicio para ayudar a la recuperación muscular.

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Estas arepas de chócolo se están volviendo parada obligada de cada salida.

Comienzos de un Viaje

Hoy le doy comienzo a este blog como bitácora de dos viajes diferentes que se ejecutan en paralelo. El primero, un tanto más puntual y urgente es uno que me llevará el próximo 24 de Septiembre al continente Europeo, específicamente a España e Italia, para participar el la edición número 20 de l’eroica. La mayoría se preguntará que es esto último y la respuesta resumida es que es un evento de ciclismo tipo “Gran Fondo”, donde se recorren dentro de varias modalidades hasta 209 km en un mismo día. No obstante decir que es una carrera de ciclismo de 209 km es hacerle realmente poca justicia a l’eroica, puesto que en muchos sentidos difiere de un evento deportivo tradicional.

Para empezar, en contracorriente a todo lo que uno espera del ciclismo de ruta hoy en día, es un evento al cual poco le interesa la aerodinámica, el peso de los componentes, los materiales de la era espacial o los records de segmentos. Es un evento preocupado con celebrar los valores y experiencias más fundamentales del ciclismo, en revivir las hazañas y rivalidades heroicas de del ciclismo de posguerra, llevadas a cabo sobre carreteras destapadas y bicicletas de acero con capacidades de frenado dudosas en el mejor de los casos. Por estos motivos es un evento que prohíbe el uso de bicicletas más recientes al año 1987 y tiene como etiqueta de vestuario uniformes, guantes, zapatillas y demás accesorios que evoquen aquellas épocas de antaño.

Al leer en la página del evento es curioso encontrar que sus organizadores se refieren a el como “una mal llamada carrera”, y luego de pensarlo realmente lo es, puesto que es más allá del recorrido de 209 kilómetros sobre el “Strade Bianchi” (vías antiguas no pavimentadas cubiertas por una gravilla blanca que recorren  la Toscana Italiana)  se sustrae toda un fiesta alrededor de la bici. En lugar de los incipientes geles y el omnipresente Gatorade, en los puntos de abastecimiento de l’eroica se reparten sin reparo verdaderas bebidas electrolíticas para el espíritu como lo son el vino (de Chianti obviamente) y la cerveza, acompañadas de alimentos que reparan el alma como lo es el pan rustico, el salami y el prosciutto de la zona. Más allá de los deleites gastronómicos poco ortodoxos (en lo que concierne una gran fondo) existe toda una celebración, toda una festividad en torno al ciclismo de épocas doradas de ayer, mercados de partes, ropa y accesorios, muestras y exhibiciones para nombrar unos pocos.

No es de menos recalcar que todo esto está enmarcado por la Toscana Italiana, con sus pueblitos, colinas verde oliva, viñedos y cipreses. Algo que por si sólo vale bastante la pena conocer, pero que desde la perspectiva de una bicicleta toma un vuelo que seduce y enamora, que desde lo más emocional y primario me cautivó y me hizo en menos de una semana decidir comprar unos boletos de avión y emprender una aventura para la cual no estaba preparado y en la cual me encuentro a sus puertas a menos de un mes de la cita.

Es así como comienza un viaje de hoy, puesto que este empieza no en el momento que se pone pie sobre la terminal, o cuando se compra un boleto, sino cuando se imagina como una realidad, como una necesidad imperante que necesita verse materializada a toda costa. Una empresa ambiciosa pero divertida que me obliga a conseguir y poner a punto una bicicleta vintage, comprar uniforme retro, planear un itinerario de viaje por España e Italia, tiquetes, presupuestos, documentos y demás cosas que se necesitan para salir de Colombia y sobrevivir en el exterior.

Pero bueno ese ultimo es sólo el primer viaje, el segundo es este blog, es la búsqueda de un espacio para escribir y relatar mis ideas y experiencias alrededor de una serie de temas puntuales que me apasionan (ciclismo, gastronomía, fotografía de viaje, y de vez en cuando algo de filosofía del buen vivir). Espero entonces que este sea el comienzo de una travesía, de un flujo de conciencia entre mi mente y el internet.